Sale el sol en las bodas y funerales

Salgo de un funeral. Por suerte o por desgracia, he asistido a muchos funerales, y siempre hace sol. Es cierto que en Barcelona casi siempre hace sol, pero el cine nos ha enseñado que siempre llueve en los funerales, y empiezo a pensar que quizá, solo quizá, lo que ocurre en las películas no sea del todo cierto. 

En cambio, en las bodas siempre hace sol, aunque llueva. Salvo casos concretos, donde no hay plan B, o la diferencia entre los planes A y B es gigantesca (rollo “no es que sea otra liga, es que es otro deporte”), la lluvia está sobrevalorada un día de boda.

Así que siempre sentimos que llueve en los funerales, aunque haga sol, y siempre hace sol en las bodas, aunque llueva y, volviendo del funeral, me preguntaba si podemos vivir para siempre bajo el paraguas del sol: “Cuando somos niños”, pensaba. Siempre hacía sol cuando salías a jugar al patio, aunque estuviera lloviendo.

Los versos que encontraron en el bolsillo de Machado cuando murió:

“Estos días azules,
este sol de la infancia”.

Hoy, en el funeral, algunos niños lloraban. Quizá hoy hayan dejado de ser niños, pensaba.

Aunque siempre podrán, con 43 años, calzarse bambas de distintos colores, con cordones de distintos colores, y entender que la vida tiene distintos colores, y que todos ellos son verdad, y siempre puedes verlos todos como si fueras un niño.

Entonces, ya sea en bodas o en los funerales, siempre hará sol.

 

 

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